DOGMA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

19 de Julio 2019
A+ A-

DOGMA LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA

Una gracia especial de Dios, donde ella fue preservada de todo pecado desde su concepción.

La Inmaculada Concepción de María, es el dogma de fé que declara que por una gracia especial de Dios, ella fue preservada de todo pecado desde su concepción.

El dogma fue proclamado por el Papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854, en su bula Ineffabilis Deus.

"...declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la beatísima Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de la culpa original en el primer instante de su concepción por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente, en atención a los méritos de Cristo Jesús Salvador del género humano, está revelada por Dios y debe ser por tanto firme y constantemente creída por todos los fieles..." (Pío IX, Bula Ineffabilis Deus, 8 de diciembre de 1854)

La Concepción: Es el momento en el cual Dios crea el alma y la infunde en la materia orgánica procedente de los padres. La concepción es el momento en que comienza la vida humana.

-María quedó preservada de toda carencia de gracia santificante desde que fue concebida en el vientre de su madre Santa Ana. Es decir María es la "llena de gracia" desde su concepción. Cuando hablamos de la Inmaculada Concepción no se trata de la concepción de Jesús quién, claro está, también fue concebido sin pecado.

 

Fundamento Bíblico

La Biblia no menciona explícitamente el dogma de la Inmaculada Concepción, como tampoco menciona explícitamente muchas otras doctrinas que la Iglesia recibió de los Apóstoles. La palabra "Trinidad", por ejemplo, no aparece en la Biblia. Pero la Inmaculada Concepción se deduce de la Biblia cuando ésta se interpreta correctamente a la luz de la Tradición Apostólica.

El primer pasaje que contiene la promesa de la redención (Genesis 3:15) menciona a la Madre del Redentor. Es el llamado Proto-evangelium, donde Dios declara la enemistad entre la serpiente y la Mujer. Cristo, la semilla de la mujer (María) aplastará la cabeza de la serpiente. Ella será exaltada a la gracia santificante que el hombre había perdido por el pecado. Solo el hecho de que María se mantuvo en estado de gracia puede explicar que continúe la enemistad entre ella y la serpiente. El Proto-evangelium, por lo tanto, contiene una promesa directa de que vendrá un redentor. Junto a Él se manifestará su obra maestra: La preservación perfecta de todo pecado de su Madre Virginal.

En Lucas 1:28 el ángel Gabriel enviado por Dios le dice a la Santísima Virgen María «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.». Las palabras en español "Llena de gracia" no hace justicia al texto griego original que es "kecharitomene" y significa una singular abundancia de gracia, un estado sobrenatural del alma en unión con Dios. Aunque este pasaje no "prueba" la Inmaculada Concepción de María si lo sugiere.

 

Los Padres de la Iglesia

Los Padres se referían a la Virgen María como la Segunda Eva (cf. I Cor. 15:22), pues ella desató el nudo causado por la primera Eva.

También se refieren a la Virgen Santísima como la absolutamente pura (San Agustín y otros). La iglesia Oriental ha llamado a María Santísima la "toda santa"

Méritos: María es libre de pecado por los méritos de Cristo Salvador. Es por El que ella es preservada del pecado. Ella, por ser una de nuestra raza humana, aunque no tenía pecado, necesitaba salvación, que solo viene de Cristo. Pero Ella singularmente recibe por adelantado los méritos salvíficos de Cristo. La causa de este don: El poder y omnipotencia de Dios.

 

Razón: La maternidad divina. Dios quiso prepararse un lugar puro donde su hijo se encarnara.

 

Frutos:

1.       María fue inmune de los movimientos de la concupiscencia. Concupiscencia: los deseos irregulares del apetito sensitivo que se dirigen al mal.

2.       María estuvo inmune de todo pecado personal durante el tiempo de su vida. Esta es la grandeza de María, que siendo libre, nunca ofendió a Dios, nunca optó por nada que la manchara o que le hiciera perder la gracia que había recibido.

 

La Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María tiene un llamado para nosotros:

1.       Nos llama a la purificación. Ser puros para que Jesús resida en nosotros.

2.       Nos llama a la consagración al Corazón Inmaculado de María, lugar seguro para alcanzar conocimiento perfecto de Cristo y camino seguro para ser llenos del ES.

 

Una nueva espiritualidad mariana

Que la vinculación a María se traduzca en una actitud mariana, en un estilo de vida mariano y de trabajo mariano. Nuestro amor a María llega a ser así profundamente afectivo y profundamente efectivo.

P. Rafael Fernández

El P. Kentenich no sólo propone una nueva imagen de María, sino también, el cultivo de una nueva relación a ella o de una nueva espiritualidad y devoción mariana.

Hay muchas maneras de vincularse a María; existen muchas y muy variadas piedades marianas en la Iglesia; diversas formas de vivir el marianismo. El P. Kentenich dejó como herencia su modalidad: la Alianza de Amor con nuestra Madre y Reina en el santuario.

Tal como la imagen de María, también la piedad mariana de nuestro pueblo, muchas veces, es incompleta, imperfecta e, incluso, desviada. Por lo general, vive una piedad unilateralmente pedigüeña, sentimental, sin una base bíblica y dogmática sólida, sin que movilice la voluntad y se plasme en un estilo de vida coherente. Es un tipo de piedad que se queda preponderantemente en el afecto. Es filial, pero incompletamente filial, porque no se proyecta en una paternidad o maternidad creadora y en un compromiso social.

El P. Kentenich vivió y fomentó por todos los medios a su alcance lo que él denominó una piedad mariana "aliancista", centrada en la Alianza de Amor con ella. Parte de la base que, por el bautismo, María es nuestra madre: ser hermano de Cristo y haber sido injertado en él por el sacramento del bautismo, implica que somos hijos de María y que ella es de verdad nuestra madre en el orden de la gracia. María nos ama con amor materno y cuida de nosotros. Ella quiere educarnos para que Cristo crezca y tome forma en nuestro ser y actuar.

Reconocer el vínculo que María tiene con nosotros suscita como respuesta una vinculación filial a su persona. En otras palabras, sellar una Alianza de Amor con María es la forma de vida más coherente que puede darse de acuerdo a la gracia bautismal y al deseo del Señor. Ya antes de que nosotros tomáramos la iniciativa de amarla, ella ya nos amaba, tal como el amor del Señor es primero también lo es el suyo: el nuestro es sólo respuesta de amor a su amor. Por eso nos consagramos, entregándonos por entero a ella, y ella, a su vez, se entrega a nosotros.

La Alianza de Amor crea un vínculo de amor vivo, recíproco, libre, cargado de afecto, un vínculo materno-filial con ella, que marca profundamente la vida entera de quien ha sellado la alianza. Es un vínculo recíproco, orientado por el lema que acuñó el fundador: "Nada sin ti, nada sin nosotros". Se trata de un intercambio de corazones, de bienes y de intereses con María. Crecemos en el amor a ella, dándole todo nuestro corazón, toda nuestra alma, todo nuestro afecto, pero también toda nuestra voluntad y capacidad de compromiso.

De esta forma quiere Schoenstatt que la vinculación a María genere en nosotros un asemejamiento a ella. O, usando las palabras del P. Kentenich, que la vinculación a María se traduzca en una actitud mariana, en un estilo de vida mariano y de trabajo mariano. Nuestro amor a María llega a ser así profundamente afectivo y profundamente efectivo.

La espiritualidad de la Alianza de Amor supera la tendencia a ver a María primeramente como un ejemplo a imitar, como un ideal que nos muestra las virtudes que nosotros, con nuestro esfuerzo, tenemos que conquistar. En nuestra espiritualidad siempre lo primero es el amor, un amor profundo y radical, capaz de transformar nuestro ser. Así, porque la amamos, luchamos por asemejamos a ella y amándola, su imagen toma forma en nuestra vida.

Esta piedad o espiritualidad de la Alianza de Amor se guía, como todo en Schoenstatt, por la fe práctica en la divina Providencia. No estamos siempre buscando milagros, visiones, cosas extraordinarias de orden físico o espectacular. No, con María vamos buscando lo que Dios nos pide a través de las voces del tiempo y las circunstancias, de las voces del alma y del ser, de los ideales que Cristo nos señala en el Evangelio.

Por la Alianza de Amor vivimos entonces en, con y para ella, entregándonos a la realización del plan de amor que el Dios providente ha trazado para nuestra vida. Esas -personales, familiares, eclesiales o nacionales- las enfrentamos y las respondemos con María y desde María.

 

 

 

Desarrollo por San Pablo Multimedia